Una Asignatura Pendiente
Es jueves, a mitad de mayo y en un otoño crudo. Hace más frío de lo común, y estar en cuarto año de periodismo con malla nueva, siendo una especie de conejillo de indias, realmente no es muy fácil
Ante este escenario, es decir, una semana todavía sin terminar, cuando no quedan fuerzas para nada, siendo recién las nueve de la noche, y peor aún, hay que seguir “poniéndole weno” como diríamos en buen chileno, no queda otra alternativa que averiguar empíricamente si éstas famosas bebidas de las que hemos estado hablando todos estos días, producen algún efecto, o algo más que sea -digo yo-.
Me dirijo al Kamadi un jueves por la noche, y si estuviese yendo con una amiga pensaría que voy atacar la promoción de tres mil seiscientos con zero que me mira cuando estoy pagando en la caja. Pero no, a esa la dejo para mañana, porque ya le dije al San Jueves que paso por hoy, y porque vine únicamente en busca de lo que salvará mi disertación de mañana: el famoso tónico de guaraná que se ve tan bonito y atractivo en ese envase negro con letras amarillas.
Una vez con ella en casa, la tomo para apreciarla y valorarla antes de beberla. -“Mira que te conviene que te quiera porque me costaste bastante cara cabrita”- ,le digo, mientras la miro fijamente como si fuera un ser viviente que va a habitar en mi organismo para darme toda la energía que necesito en ese momento.
No obstante, lo pienso dos veces, y le tomo cariño a la negra, pensando para mi misma, si vales tanto, y eres tan mágica como dice en tu parte de atrás, creo que me conviene hacer negocios contigo mañana y no hoy. Pues, si tomo algo de ti en este minuto, terminaré odiándote por no dejarme dormir. Pero si me confabulo con tu sabor mañana, serás mi mejor amiga de aquí en adelante.
Entonces, me separo de ella con algo de nostalgia y la introduzco a su ambiente natural, el refrigerador. “Mañana tu y yo tenemos algo pendiente, no me falles ah”. Le digo entusiasmadamente mientras cierro la puerta de su iglú.













Comentar esta nota