Take a risk…
Confieso que jamás había jugado en una de esas máquinas tragamonedas, por el miedo a perder mi dinero y a ser humillado con un categórico mensaje en inglés que dijese: you lost. Claro, como si fuese un anuncio burlesco de que me gasté la mitad del pasaje de microbus que necesito, así que no.
Pero, como en esta vida todo es tan irónico, me tocó a MÍ salir y recorrer los principales locales de juegos de habilidades, para encontrar a un asiduo jugador, a un personaje adicto a una de estas tantas máquinas que han invadido la ciudad.
Y es que no hallé a uno… sino a demasiados. Hasta ahí tuve suerte en mi búsqueda; el problema surgió cuando lisa y llanamente ninguno de ellos accedió a ser grabado, como si estuvieran escondiéndose de algo o alguien. Paranoia.
Finalmente, recurrí al comodín que todo estudiante de Periodismo o periodista ha de tener: un familiar. En este caso, uno de mis primos. Él me recomendó que para entender mejor su especie de obsesión, ¡tenía que jugar! Así que después de la entrevista, lo hice. Me arriesgué. Jugué y, tras varios intentos… perdí.
Terminé derrochando más que la plata de mi pasaje: DOS MIL pesos fue la no despreciable suma que eché a correr, eso, además de haberle quedado debiendo dinero a mi entrevistado -qué bonito, ¿no?-.
Desde entonces he vuelto un par de veces a probar suerte, por si puedo conseguir recuperar ¡lo que me robó esa máquina tragamonedas!…
Foto: andresrueda










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