Shorty: Un trozo de realidad
Hace unos meses me topé por casualidad con un hombre pequeño y sucio que pedía ayuda a través de un letrero escrito inglés. Según me enteré poco después, llevaba días viviendo junto a un contenedor de basura, en un sector comercial de Beverly Hills. No es que me haya topado con él por la calle, al contrario. Lo conocí desde mi casa, a través del televisor y desde ahí seguí su historia.
Su nombre era definido por su tamaño: Shorty. En sus manos llevaba un trozo de cartón, que con letras temblorosas pedía ayuda de cualquier tipo y al final de su mensaje, se alcanzaba a leer un amable God Bless.
A este pequeño hombre lo descubrí mientras veía un conocido programa de la televisión estadounidense. Contrario a lo que se pudiera pensar, no era un documental sobre las personas sin casas, ni una campaña humanitaria. “Keeping up with the Kardashian”, es un reality show que trasmite el canal E! En él se muestra la vida de una familia de celebridades en el mundo del espectáculo. Es un programa totalmente superficial, transmitido por un canal superficial, probablemente el más superficial de la televisión mundial. Sin embargo, fue aquí y no en las calles de mi ciudad, que recibí una gran lección. Porque a veces, tampoco es necesario salir a terreno para descubrir el mundo.
A grandes rasgos la historia de Shorty es simple, pero trascendental para sí mismo. Uno de tantos días en los que este hombre sin hogar se paraba junto al contenedor de basura, fue invitado por una de las hijas de la familia Kardashian para acompañarle a su casa. Shorty desconcertado, accedió. Una vez ahí le ofrecieron un arreglo, un trato para mejorar su bienestar y él aceptó. Lo bañaron, afeitaron, cortaron su pelo y vistieron con ropa limpia. Le dieron de comer y compartieron con él amigablemente, para después llevarlo a un dentista, quién construyó para Shorty una nueva y completa dentadura. Pasadas unas horas, el diminuto hombre, ya convertido en un caballero, fue conducido, entre lágrimas, a una residencia que lo recibiría para continuar con su nueva vida.
De seguro la familia Kardashian aumentó su popularidad y a raíz de esto están facturando más por la producción de su programa, pero mientras la ayuda a un necesitado, haya llegado a tiempo y aun cuando sea en una “realidad pauteada”, es bienvenida. Porque el hecho que un rostro de televisión, bañe a un indigente, en la tina de su casa y lo vista con la ropa de su papá, a mi parecer, tiene mayor valor que animar una vez al año, la cena pan y vino, rodeada de empresarios y autoridades.
Por Isabel Cabrera Molina










Comentar esta nota