Mi vecino, el edificio
El sector inmobiliario en Concepción ha crecido de manera exponencial en los últimos años. Los terrenos para edificar escasean y la única solución a este problema se concentra en la edificación de gran altura.
La última gran crisis económica -que aún no termina, pero que sí ha disminuido- hizo que varios proyectos fueran abandonados o quedaran inconclusos, por lo que a medida que la situación económica mejora, éstos se reactivan y el desempleo disminuye.
Pero estos positivos escenarios, como la reactivación inmobiliaria, traen consigo los mismos problemas que toda construcción provoca en las propiedades adyacentes: la molestia y desagrado por parte de los vecinos de viviendas de baja altura.
La principal dificultad de convivir con una gran mole de concreto en construcción es el ruido que provocan las maquinarias que levantan la obra gruesa. Los camiones y herramientas son encendidos a las ocho de la mañana y apagados poco antes de las nueve de la noche.
La señora Cecilia, domiciliada en calle Galvarino, vive a un costado de un inmueble de 15 pisos. Para ella la mayor incomodidad que implica tener un edificio como vecino es la falta de iluminación “hace mucho tiempo que a mi patio no llega el sol y la ropa tarda más del doble del tiempo en secar”, señala.
Pero lo más desagradable de esta experiencia fue al inicio de la edificación, ya que durante el levantamiento de la obra la señora Cecilia sufrió varias fisuras en los muros de su vivienda. “Además caían elementos desde una gran altura. Por suerte nadie resultó herido”, recuerda.
La mayoría de las casas que “sobreviven” a un costado de estos departamentos de gran magnitud se encuentran con carteles de arriendo o en venta y es muy difícil su comercialización debido a los problemas antes señalados. Al parecer esto es un problema de muy difícil solución ya que no basta con una debida fiscalización por parte de las autoridades competentes, sino también una buena convivencia por parte de las inmobiliarias.












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