Las segundas partes nunca fueron buenas. Ni fáciles.
Recuerdo haber dicho: “Voy a practicar flash. Lo prometo”. Esto fue al terminar la primera vuelta en el módulo de Ciberperiodismo. La promesa no involucró a nadie más que a mí, y lo agradezco. Porque entre locuciones radiales, diagramación de revistas, grabación de notas televisivas y controles de inglés, es humanamente imposible ser autodidacta con el complejo software.
Aun cuando pasaron seis semanas entre módulo y módulo, mi inoperancia reinó a la hora de sentarme frente al PC y jugar con fotogramas, movimientos, formas, máscaras y capas. De verdad que lo intenté. En primer lugar, motivada por la idea de no asignarle a mi compañero de equipo, una vez más, el armado de todo el trabajo; y en segundo lugar, por un asunto de necesidad mezclado con desafío personal.
Cuando creí haber aprendido lo básico, como para apoyar en algo al equipo, hubo un leve cambio de planes. Adiós MX, bienvenido CS3. Toda mi práctica fue en vano, el manejo de flash me superó y tuve que limitar mi participación al reporteo y edición de videos. Pero no me quejo, ya no.
A pensar que ya entregamos el trabajo final, continúo con la sensación de que sufrimos una escases de disciplina. Porque al igual que la primera vez, corrimos, discutimos, nos agotamos, sufrimos y dormimos poco, todo…hasta desencantarnos. En el camino quedaron: entrevistas fracasadas, cuñas inutilizadas, computadores malheridos y plazos postergados. Así, cada vez que me sentí imposibilitada de ayudar con el armado final del reportaje, lamenté no haber prestado atención a las clases de TIC’s. Lo siento.
Foto por: cd.harrison











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