La ecuación final se llama Matías
¡Lunes!, otra reunión de pauta, con los mismos sujetos y unas ojeras que me encantaría regalar, esta vez acrecentadas por la hora de reclutamiento para concretar quehaceres propios. Las 6:30 de la madrugada.
Con estos antecedentes mi creatividad volaba entre Saturno, la clase de más tarde, el almuerzo y el psiquiátrico. ¡Claro! El psiquiátrico expliqué. ¿Qué mejor idea para nuestro último reportaje multimedial del semestre? Un par de personas fuera del ecosistema nacional, mi grupo y yo.
Como siempre las comunicaciones, Internet y el udec.cl son fenomenales para comenzar con el conducto regular. Esto, hasta que llegó el jueves y cero respuesta del Psiquiátrico. Ok… ahí lo entendí todo, necesito más horas de sueño para que funcionen mis temas de reporteo.
Cambio de escenario. Las embarazadas. ¡¿Qué?! No, no de nuevo. Todos saben de qué se trata, para qué tanta profundización. Un día de pasión desenfrenada, el huevo, las estrellas y ¡plaf! ¡No! la pastilla del día después. Un mes después y Andrés el que llega una vez… no llegó nunca y menos, tocó la puerta. Lloriqueos y que tú eres el o la culpable.
Cuento corto, ¿quién se levanta primero cuando, a las 3 de la mañana, llora sin cesar? Y esto es lo complejo.
En Chile un 15% de las mujeres embarazadas corresponde a menores de 19 años. ¿Qué pasó aquí? Pero este no es el tema del reportaje.
Llegamos a la universidad y es un mundo nuevo. La Carmela se fue del campo y al campus universitario llegó, y aunque “Mr. Gobierno” no lo quiera asumir, en las escuelas y colegios no sólo se debe enseñar cuánto es 1 + 1. La razón es que los adolescentes y universitarios de poca monta, hoy lo entienden como tres, tomando en cuenta la yapa del entusiasmo.
¿Y cuál es el resultado entonces? Que mi entrevistado es el resultado. Se llama Matías y tiene 3 años. ¿Lo demás? Ya es parte del reportaje.











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