Gabriela Varas, comprometida con la integración de los sordos
La joven psicóloga Gabriela Varas siempre se sintió atraída por la forma en que viven los sordos en una sociedad que parece hecha exclusivamente para quienes pueden oír. A los 14 años hizo un curso de lengua de señas y desde entonces se involucró con el Club Deportivo de Sordos, donde se convirtió en intérprete. Gabriela define esta labor como “una vinculación social, un aprendizaje mutuo y una forma de ayudarles a que se muestren cada vez más a la sociedad.”
Esta agrupación es un espacio para el diálogo entre las personas con discapacidad auditiva, ya que la mayoría de sus familias no conoce el lenguaje de señas. “Muchas familias les prohíben a sus hijos reunirse con otros sordos, con la ilusión de que algún día hablen y aprendan a comportarse como oyentes, no entienden que ellos tienen otras posibilidades de desarrollo”, explica.
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
Recientemente pudieron realizar el proyecto, “Nuestras manos, nuestra historia”, una obra de teatro gestual basada en una serie de testimonios, que recrea la vida de un sordo desde que nace hasta que llega a la asociación, con las dificultades que tiene para desenvolverse en los distintos entornos. “Es un espejo para los propios sordos, y la presentación de una cultura distinta para la comunidad”, explica Gabriela, que participó como organizadora y actriz junto a un grupo de sordos y oyentes, dirigidos por Manuel Loyola de la compañía Teatro del Oráculo. Además realizaron un documental sobre el proceso de recopilación que hizo posible esta obra, que fue presentada 5 veces con excelente aceptación, por lo que los han invitado a otros lugares del país.
La vida de Gabriela está marcada por esta vocación, de hecho trabaja en la Universidad Santo Tomás como intérprete de alumnos sordos desde 2007, “hay una gran necesidad pero faltan los recursos humanos”, explica la joven que se distribuye las clases con dos colegas.
Es de esperar que iniciativas como la del Club de Sordos y personas como Gabriela contribuyan a crear mayor conciencia, y así aumenten los esfuerzos por una integración de los sordos en nuestro país, que no les exija adaptarse a la forma de comunicación de los oyentes, sino que acepte su propia lengua.












[...] Enlace directo a la nota de prensa. Escribe un Comentario [...]
Comentar esta nota