Cacería de sicólogos y etapas del duelo amoroso.-
Cuando me encomendaron la tarea de entrevistar al sicólogo, me dije ¡ah!, fácil, cosa que lamento mucho pues al parecer cada vez que pienso así se me pone la pista cuesta arriba. Quizás alguna de las brujas que mis compañeros intentó entrevistar nos lanzó un hechizo para que este trabajo no resultara, ¿quién sabe?
En fin, desde que se me encomendó la tarea hubo una serie de sucesos muy desafortunados, pasando por estar como dos horas esperando a un sicólogo, que finalmente no me atendió, hasta que recibiera una tirada de orejas (por mi, y por el resto de mis compañeros que habían acudido a esta fuente anteriormente) por parte de uno de los altos cargos de la DISE con la consigna de “vengan a pedirnos entrevistas con más anticipación”, por nombrar algunos.
En fin, gajes del oficio, la gente no entiende que en periodismo la mayoría de las cosas son para “ahora”. Pero bueno, ahí uno tiene que aprender a negociar con las carreras que tienen horarios menos flexibles que nosotros.
A veces a la gente no le cuesta nada dar quince minutos para una entrevista, pero se hacen del rogar o sus secretarias ponen mil trabas. Aunque también debo reconocer que hay otros entrevistados que son un amor y casi que dan ganas de comprarle un obsequio por ser tan buena onda.
Aun así, finalmente conseguí mi sicólogo especializado a través de la internet, y quedé bastante conforme con lo que averigué: las etapas del duelo amoroso, y las distintas emociones que predominaban en ellas.
Dentro de estas emociones, shock, pena, culpa, rabia, resignación y reconstrucción, se supone que la gente está más suceptible a la venganza dentro del estado de la rabia, ya que la persona se siente herida y necesita reivindicar de alguna forma su autoestima. A veces de formas más locas que otras (como lo que muestra este reportaje), dependiendo del sujeto, pero lo importante es que el proceso natural de la pena-al contrario de lo que uno piensa cuando está viviendo el proceso- SI TIENE FIN, es decir, las personas vuelven a ser racionales y dejan de hacer “locuras desesperadas por hacer que vuelva el amor perdido”. Y si ya pasaron dos años, y todavía sigue llamando al brujo para que le haga un “amarre”, o compra pócimas de amor, si todavía no se le ha quitado la rabia o la pena, por el bien de la humanidad se lo pedimos: hágase ver.
Lo que recomendaba el sicólogo, y es algo que me quedó dando vueltas porque lo encontré súper cuerdo, es que las personas deben dejar que sus emociones fluyan hasta que desaparezcan, pero mientras esto sucede, deben intentar concentrar las energías en otras actividades mientras se logra el equilibrio emocional.
No desmerezca el consejo y considérelo, porque al final, ni Chuck Norris puede decir que no ha sufrido por amor.-










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