Una que pudo
En el marco del reportaje al jardín Mi Pequeño Pudú, conocí a una joven mamá que me confesó que al comienzo vivió exactamente lo que detallé en las primeras líneas. Pero me dijo que lo tomó como un desafío, que le empezó a ir mejor en la universidad, contrariamente a lo que ocurría en su época de “no madre”, donde entre fiesta y fiesta casi perdió el rumbo académico. Me contó que su hijo le da alegrías, que está casi lista con su carrera, y que incluso, gracias al jardín, formó un grupo de amigas jóvenes madres con las que comparte. “Nos juntamos con nuestros hijos, y cuando se duermen, carretiamos nosotros, así que es perfecto. Me da para hacer de todo”, me comentó.
Ni siquiera contó con el apoyo de sus padres al comienzo. La salvó el haber cultivado una relación sólida de pareja hasta el día de hoy y el haberle estampado el sello de desafío personal a algo que arrancó mal. Entiendo que tal vez no todas las mamás tienen las mismas herramientas, pero sin dudas, es un ejemplo. Así se hace.










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