¿Cómo ayuda la UdeC a la reconstrucción?
No es tan mágico como un libro de cuentos ni tan divertido como una revista de historietas. Tampoco fue impreso por una famosa casa editorial y, a días de su publicación, demostró que le sería difícil competir con un best seller. Sin embargo, son varios los méritos que tiene el libro “88 propuestas para la reconstrucción de la Región del Bío Bío” y uno de ellos es la voluntad, ya que “permitió que la publicación sea el resultado de varios meses de trabajo multidisciplinario”, según señaló Ximena Sepúlveda, jefa de la Unidad de Propiedad Industrial.
Si no fuera por el todavía destruido edificio de la Facultad de Química, pocos rastros habría dejado el terremoto del 27 de febrero en la Universidad de Concepción. Las reparaciones fueron rápidas y los colaboradores son los mismos docentes que forman parte del Programa de la UdeC para la reconstrucción regional.
Actualmente, hay diez grupos de trabajo que, liderados por coordinadores de distintas disciplinas, se concentran en proponer medidas a corto y mediano plazo, relativas a planificación, transporte, salud, empleo, gestión, agricultura, medio ambiente y sociedad civil. En todos los equipos el desafío es generar propuestas que sean factibles para levantar a la golpeada Región del Bío Bío, así lo señala el profesor del Departamento de Geografía, Óscar Cifuentes.
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La UdeC, en su calidad de postal obligada de la zona, no podía taparse los ojos ante la catástrofe. A pesar de todas las buenas intenciones y los resultados recopilados en el libro, los grupos multidisciplinarios están trabajando más lento que en un comienzo, ya que el proceso se toma su tiempo y hay que esperar la aprobación de proyectos para comenzar a materializar las ideas. “Es difícil disponer de cinco horas semanales para el programa”, comenta el profesor del Departamento de Ingeniería Civil y coordinador del proyecto, Rodrigo Silva, quien atribuye el paso tranquilo con que hoy se trabaja al poco tiempo libre de los docentes.
No se puede restar importancia al hecho de que todos los profesores que trabajan en esta iniciativa son movidos por el compromiso social y las ganas de ayudar a los más golpeados por la catástrofe, ya que no se les entregan beneficios económicos adicionales. Es un voluntariado muy profesional.
Por ahora, ellos seguirán trabajando e impulsando el proyecto dentro de las posibilidades que les otorgue su tiempo libre y de paso reforzarán el compromiso de la UdeC con la comunidad.












me quedó buena la crónica
o no, colaboradora ivone???,
jajajaja
saludos
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