¡Salud, mier…!
Estamos en Consed. Y acompañarnos de un trago, más que una opción, es una promesa. El ambiente en la ciudad está fraguado día a día para compartir algunas botellas de alcohol y quedar perdido entre recuerdos borrosos e inverosímiles.

Es una práctica tan habitual en nuestra cultura que parece inofensiva. O es que quizás sus efectos por sabidos, son obviados y por lo mismo, olvidados. Tanto para adolescentes, jóvenes y adultos, el consumo de alcohol es normal y aprobado sin tantos “peros”.
Ser un buen “Barney (Gómez)” puede ser tomado para la chacota entre los amigos, pero de todas maneras para algunos es motivo de orgullo, porque el beber es sinónimo de distensión y “eso es genial en una sociedad tan cartucha e individualista como la nuestra”, comenta un alcohólico anónimo de 23 años. Además… una copita con malicia no daña a nadie, menos después de una enfermiza jornada académica o laboral donde puede significar un bendito remedio… ¡salud!, entonces.
Daniel Durán bordea los 40 años, reconoce que cuando adolescente, en especial, durante su época universitaria, consumía bastante seguido; en la actualidad no, sólo lo hace de vez en cuando, pues sabe perfectamente los efectos que conlleva el abuso de estas bebidas.
Es que Daniel es bioquímico. Dicta cátedra en el Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de Concepción y comenta que “el beber es un fenómeno socialmente aceptado y si bien tomar alcohol moderadamente no es nocivo, cuando una persona se transforma en dependiente, y además no piensa que lo es, ni sus amistades tampoco lo piensan, porque viven en un entorno social donde es algo natural, puede causarle problemas a corto y a largo plazo”
¡Que me corten la cabeza!
A más de alguno le ha pasado. Es domingo, despiertas en la tarde con una maldita jaqueca y sientes un malestar en tu estómago… sólo quieres ser cuidado por tu mami, como un niño de 5 años (nanai). Pues… estás sufriendo las consecuencias de haberte ido de juerga y de haberte bebido hasta el agua de los floreros. Eres víctima de un hachazo descomunal. Ya no eres un teenager, debes admitirlo. Tus veinte o treinta y tantos te pesan.
Es que, como bien explica Durán: “a medida que se envejece, la resistencia al alcohol disminuye. Una resaca en un adolescente puede durar algunas horas, en cambio, la de alguien más adulto, puede durar días y esto se debe a que el metabolismo joven es más rápido”.
Las Tabernas de Moe penquistas
Nuestra región es una de las más alcoholizadas del país. Y entre las ciudades donde más litros se ingieren, además de Concepción, destacan: Lota, Coronel, Tomé (claro, con un festival de alcohol en el verano, y un dicho como “quien vino a Tomé y no tomó vino, no sé a qué vino”, cómo no) y la vecina Penco, según un estudio realizado por Conace.
Los pubs, las botillerías y las tabernas son parte del paisaje predominante, además representan puntos de encuentro dentro del mapa geográfico y demográfico de nuestras comunas. Algunos bares están abiertos todo el día, invitando a distintos happy hours. Entre tanta opción a lo largo de las calles, se alimenta la sed.
No hay un pub donde se concentre la clientela penquista. Esto no es Springfield, no hay una sola Taberna de Moe. Hay muchas opciones y para diferentes gustos. Los universitarios prefieren el Break o The Bear Place, ambos cercanos a la Plaza Perú; los treintones eligen compartir en resto-bares, para no terminar con resacas de varios días; los jóvenes más rockeros optan por la Ruka; los más alternativos acuden a La Casa, ubicado junto al supermercado Santa Isabel de la diagonal; los más cuicos o para aquellos que anden con dinero suficiente, está Blass, también localizado en la diagonal; y los más seniles, concurren a degustar unos vasos de vino o de agua ardiente, en alguno de esos típicos locales de barrio pasados a alcohol, que lucen como de comienzo de siglo.
Es que nuestra cultura está pronta a quedar en coma etílica. Pero no importa, porque el alcohol no nos deja darnos cuenta. Es un anestesiante. No importa si caemos bajo, no nos dolerá. Estamos en la fase happy-eufórica y la disfrutamos, no más, porque finalmente, en esta ciudad hay siempre donde puedes seguir tomando y brindando por eso… por eso que no tiene… ustedes saben. Y da lo mismo el resto.
Foto extraída de flirck










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