|
El giro lingüístico y sus efectos en la comunicación organizacional |
|
|
|
|
Página 1 de 4 Por Rubén Dittus (*)
Resumen: El presente trabajo entrega los fundamentos teóricos de las organizaciones, desde la perspectiva del giro lingüístico. En ella, la vida organizacional no se entiende fuera del del lenguaje. La organización es definida como un sistema autopoiético de conversaciones e imaginarios, no un simple conjunto de individuos, artefactos o roles institucionalizados. En definitiva, una red de comunicación que se autoconstituye dejando a los individuos como parte de su entorno psíquico.
Palabras clave: organizaciones, sistema, entorno, autopoiesis, imaginarios sociales.
Abstract: The present paper presents theoretical fundamentals of organizations, from a communicative-systemic perspective. It explains that organizational life is not understood differently of linguistic context. The organization is defined as an “Autopoietico” system of conversations and imaginaries and not as a simple group of individuals, artefacts or institutional roles. In summary, a network of communications which is self-constituted, making individuals part of their psychic environment.
Key words: Organizations, system, environment, autopoiesis, social imaginaries.
Artículo Introducción Se partirá de la siguiente máxima: ¡¡vivimos en un mundo de organizaciones!! No podemos entender el valor de lo humano sin las organizaciones. La perspectiva que presento a continuación supera la definición clásica de lo que entiende por organización: un conjunto de individuos con metas comunes y con normas y roles institucionalizados. Es decir, que personas que cooperan para satisfacer deseos individuales y colectivos. Para ello, se analizará el ámbito organizacional desde el denominado giro lingüístico y el enfoque sistémico, corrientes derivadas de las propuestas teóricas de autores como Fernando Flores, Rafael Echeverría, Humberto Maturana, Francisco Varela, Heinz Von Foerster y Niklas Luhmann. La vida organizacional es una vida de cooperación, y por ende, de comunicación. No son separables ambos fenómenos: la organización no se entiende sin la comunicación, y viceversa. La comunicación y organización están totalmente ligadas. La organización permite o no la comunicación. De este modo, la realidad de las organizaciones es una compleja suma de espacios simbólicos comunes al entorno psíquico, donde se crean nuevos significados entre y para los miembros de dicho entorno. No es un conjunto de artefactos o roles institucionalizados. Se trata de una red de conversaciones (Flores,1994a). En definitiva, una red de comunicación (o de códigos comunicables) que se autoconstituye dejando a los individuos como parte de su entorno. La organización tiene una presencia psíquica. Los efectos de esta concepción genera, de paso, una nueva manera de intervenir en el funcionamiento organizacional con el objetivo de mantener su viabilidad. La conversación: fenómeno clave en las organizaciones Desde la ontología lingüística se ha afirmado que somos seres en el lenguaje y no fuera de él. Sin el lenguaje no tendríamos conciencia de nuestra identidad como seres humanos y algo mucho peor, sólo viviríamos pegados a una realidad temporal y conyuntural. Sin él no podríamos desarrollar las emociones. La ira, la envidia, los celos o el sufrimiento dan explicación –y existencia- a percepiones biológicas categorizadas desde el lenguaje. En palabras de Humberto Maturana (2002), la realidad existe porque la empalabramos. Los seres humanos habitamos en el lenguaje. Esta concepción del lenguaje como instrumento generativo es clave para entender la manera de comprender las organizaciones, ya que ésta como cualquier otro fenómeno social sólo existe porque ocupa un lugar en el lenguaje. Esta perspectiva nos entrega un panorama que podría considerarse desolador, pues se entiende al ser humano como un habitante exclusivo de un mundo lingüístico, sin embargo, es precisamente esta característica la que hace posible modificar la realidad social. De lo contrario estaríamos determinados por una realidad estática. Sólo con y a través del lenguaje el ser humano es verdaramente libre. A través del lenguaje nos liberamos de las ataduras que nos impone la biología. Pondremos como punto se partida la siguiente tesis formulada por Fernando Flores (1994a): la organización no es un conjunto de individuos sino una red de conversaciones. Lo que constituye la empresa no son seres humanos, sino redes de conversaciones. Es decir, las organizaciones son redes de compromisos lingüísticos, redes de actos del habla. Esta postura se sustenta en la conversación como «la unidad mínima de interacción social orientada hacia la ejecución con éxito de acciones» (Flores, 1994b, p. 24). De este modo, la conversación se convierte en un fenómeno clave en las organizaciones, partiendo de la base que el lenguaje es invención y constitución de realidad. El énfasis del concepto está centrado en la comunicación para la acción. Es decir, lo que crea una organización es una red de conversaciones que quiere ver resultados concretos en el ámbito de los negocios, de la educación, del tiempo libre, de las finanzas o de la política. No se entiende el lenguaje como herramienta descriptiva, sino como una práctica articuladora. El lenguaje como constructor de realidad y como forma en que la historia se manifiesta. Nada ocurre dentro de la organización sin el lenguaje. Las empresas constituyen un claro ejemplo de poder del lenguaje, del poder de las conversaciones. Sin lenguaje no podríamos construir organizaciones. A través de él, los individuos se transforman en miembros del entorno psíquico de la organización. La piensan desde allí. Rafael Echeverría (1995) entrega cuatro razones por las que las conversaciones integran a sus miembros individuales de una organización en una unidad particular: Primero; los límites de una organización son lingüísticos. Quien pertenece a la organización y quien no se decide mediante una declaración. La línea que divide el sistema con su entorno es trazada por el lenguaje. «Los individuos se unen a una organización y la dejan. Cuando se unen a ella lo hacen porque han sido contratados, y esto ocurre por declaración. Cuando la dejan, es porque renuncian o son despedidos, lo que también ocurre por declaración» (Echeverría, 1995, p. 247). Segundo; la estructura de una organización está construida como una red de promesas mutuas. Hay compromisos que unen a las personas con la organización y éstas a su vez dependen de esos compromisos para su funcionamiento. Y las promesas resultan de conversaciones Tercero; una organización es más que una red de individuos autónomos, ligados por una manifestación de pertenencia. Hay un trasfondo compartido. Cada persona sabe qué hacer en la organización. Al producir un trasfondo compartido, los miembros de una organización generan condiciones sinérgicas al interior de ésta. Lo anterior es posible sólo a través de las prácticas comunicativas cotidianas. Cuarto; las organizaciones desarrollan condiciones sinérgicas al circunscribir las acciones de sus miembros en una visión compartida. Se legitima el sentido de pertenencia y la identidad de la organización. Así, la identidad personal de la gente se entremezcla con la identidad de la empresa. Se construye un futuro compartido a partir del cual los miembros ejecutan sus acciones desde una base consensual (compartiendo, además inquietudes y aspiraciones comunes). Todo esto ocurre en conversaciones. Nada ocurre en la organización sin el lenguaje: hablar y escuchar. Sin comunicación, no hay organización. «Si queremos comprender una empresa debemos examinar las conversaciones que la constituyeron en el pasado y las que la constituyen en la actualidad» (Echeverría, 1995, p. 249). Lo que hace a un ser humano ser «humano» es su capacidad de participar en las prácticas lingüísticas universales, se decir, como creación y objeto creador de imaginarios sociales. Los actos de habla son, para Flores, expresiones lingüísticas universales, por ejemplo, el caso de pedir algo a alguien: es un hecho universal de que podemos hacer cosas juntos. De ahí, entonces que, «cuando hablamos de globalización, estamos hablando primero de esta capacidad universal de hacer actos de habla y segundo, que esta capacidad histórica, que es diferente a la univeral, se ha ido universalizando». Las organizaciones, entendidas como fenómenos lingüísticos, generan una identidad en el mundo que trasciende a algunas personas. De este modo, las organizaciones son entes colectivos más amplios que tienen una presencia psíquica. «Las empresas pueden existir ciencuenta, cien o más años. Todos sus miembros individuales pueden cambiar, pero la empresa puede seguir siendo la misma entidad (...) Por muy importante que sea el papel que desempeñe un individuo en la empresa, su identidad es siempre diferente de la identidad de la empresa» (Flores, 1994b). La mente (o conciencia) de la organización no es la suma de las mentes individuales de sus miembros, sino que es el conjunto de prácticas de la organización. Los miembros se encuentran, de este modo, fuera de las organizaciones; en su entorno. Lo que ocurre es que tenemos presencia psíquica en su interior, cuando pensamos en ellas, pensamos en nosotros.
|
|
Departamento de Comunicación Social
Fono: (56)(41)204398
Fono/fax: (56)(41)259549
Concepción, Chile.
|