Quintín Oyarzo

Quintín Oyarzo
Hoy se realizó una misa in memoriam del periodista Quintín Oyarzo fallecido la semana pasada en Santiago. Me pesa no haber estado allí, mi posteo tómese como un mea culpa. No fui amigo de Quintín, él tampoco me consideró como tal, mas nos estimamos. Lo recuerdo como mi alumno, singular por cierto, pues en 1989 cuando se reabre la Carrrera de Periodismo, él estuvo entre quienes vinieron para realizar un trabajo de seminario y obtener el título de Periodista otorgado por la Universidad de Concepción, que como estudiantes se les adeudaba desde 1973. El bueno de Quintín escribió, junto con Guillermo Sandoval, un seminario sobre marketing político que, tómenlo como una auto referencia necesaria, yo dirigí. Ambos habían sido alumnos de nuestra Carrera hasta cuando ésta fue interrumpida en su normal desarrollo.
Quintín Oyarzo fue un periodista destacado en un tiempo turbulento. Lo recuerdo siempre ligado a la permanente, a veces soterrada, lucha de los periodistas para retornar al régimen democrático. Habitualmente sonreía de una manera que daba a entender a sus interlocutores que él tenía “la última” anotada en su libreta. Casi siempre estaba allí garrapateada. Entre sus escritos recuerdo la narración que escribió para EL Sur, sobre la inmolación por fuego de Sebastián Acevedo en las gradas de la puerta del templo catedral penquista, para otorgar fuerza a una pregunta fundamental para él, ¿dónde tienen presos a mis hijos?. Siempre he pensado que ese relato debiera estar en una antología de escritos periodísticos de Concepción. Más de alguna vez se lo dije a Quintín, sólo sonreía como debe hacerlo ahora en el lugar en que creo que está y al que va, me han dicho, sólo la buena gente. Que descanse, estoy seguro, sin embargo, que no deja de observar el más mínimo detalle y hasta es muy posible que tome notas…
Hugo Olea M